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Melodías de primavera en el Pirineo Navarro
10 abril, 2019
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Sin saber cómo ni por qué… las estrellas siempre acaban escapando. Pero este verano, la última semana de julio, un buen cazador que se alojaba en Zilbeti, las capturó unos instantes.

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Gracias Santiago por atrapar en estas imágenes, las estrellas que se ven cada noche desde Borda Lenco.

No siempre pueden apreciarse. Sólo se ven si el cielo está bien raso y sin nubes. Pero ocurre cada noche, tras el crepúsculo, cuando el aire se vuelve opaco y sale la luna con su traje blanco. Durante un tiempo creí que era ella, la que cuando estaba de buen humor, lo pintaba todo cada noche con puntos  brillantes. Y cuando se encontraba triste, en vez de pintar, nublaba el cielo o lloraba suavemente lluvia hasta el amanecer.

En las noches de verano, me gustaba mirar atenta las estrellas desde la ventana abierta de mi habitación o tumbarme a observarlas en la hierba húmeda del jardín. Hay tantas y tan relucientes que siempre quise saber cuántas eran, pero nunca conseguí contarlas todas. Unas veces me dormía y otras, pasado un rato, me despistaba y se me olvidaba cuántas llevaba contando.

Era una razón para salir por la noche bien abrigados y pasar un buen rato jugando a identificar los planetas, Marte es rojizo y Saturno anaranjado. A distinguir los planetas de las estrellas, porque éstas parpadean y los planetas son puntos brillantes fijos. A encontrar las siete estrellas de la Osa Mayor… y a otras tantas cosas que se nos ocurrían.

Entonces supe que las estrellas son esferas de polvo y gas que viven varios millones de años.

Cuerpos celestes, gigantes y brillantes. Que el sol también es una estrella, la más cercana a la tierra y que siempre hay una que brilla más al amanecer: Venus o Lucero del Alba, de color blanco-amarillo. Aprendí también algo de galaxias y constelaciones… y mientras tanto, seguía observando.

Ahora observo también el efecto que tiene la calidad del cielo en las personas que se alojan en nuestras casas y agradezco el regalo del espectáculo que ofrece el cielo en Zilbeti.

Deslumbrante, lleno de luces chispeantes que hacen verdadera la noche. Se ven tan pequeñas y tan cerca que parece que puedo alcanzarlas. Y cuando casi dormida me inundan las dudas, en vez de consultar con la almohada, me apetece salir y preguntarles. Las imagino muy sabias y algunas, las fugaces, son mágicas, traen buena suerte y son capaces de conceder todos los deseos.

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 *El color naranja sobre la casa es la contaminación lumínica que genera Pamplona.

Es curioso cómo por costumbre, nos apresuramos a ir lejos buscando lugares bonitos, y pasamos a menudo de largo sin reparar en la belleza que tenemos aquí al lado.

Desde Zilbeti, se suele visitar Roncesvalles, la Selva de Irati, el bosque de Quinto Real o las cuevas de Zugarramurdi. Otras personas prefieren ver Pamplona, San Sebastián o las Foces de Lumbier  y Arbayún.  

Pero… por mucho que lo intentéis… NUNCA  PODRÉIS VERLO TODO! Así que, los días que estéis por aquí, no os los paséis queriendo llegar a todos los lugares de interés que marcan los mapas.

Os animo a que os quedéis algún día… y noche, en Zilbeti.  

Pasear por el hayedo, refrescarse en el río, leer un rato, escuchar lo que ocurre  en el silencio del pueblo… y cómo no? Salir por la noche a hablar de la vida y a mirar fijamente el cielo. A veces, como por arte de magia y en forma de mensaje, aparece una estrella fugaz haciendo de guía y marcando un camino. Es el momento de cerrar los ojos, de pedir un deseo, de agradecer el presagio de buena suerte y  de observar.                                                                                                                    

De observar las estrellas desde la Casa Rural Borda Lenco.